Aspecto nocturno de las instalaciones de la Refinería de Cartagena, de Ecopetrol.
Aspecto nocturno de las instalaciones de la Refinería de Cartagena, de Ecopetrol. Crédito: Divulgada / Ecopetrol

La calificadora Moody’s rebajó la nota de Ecopetrol a Ba2, argumentando que el vínculo con el Gobierno de Colombia dejó de ser una garantía para convertirse en una fuente de riesgo financiero y de gobernanza.

Por qué importa: por primera vez en la historia reciente, el respaldo del Estado colombiano no fortalece la calificación de su joya de la corona, sino que la debilita. Según Moody’s, la petrolera tiene una fortaleza intrínseca sólida, pero el “factor gubernamental” le resta dos escalones a su calificación final.

El panorama general: Moody’s Ratings degradó la calificación global de Ecopetrol de Ba1 a Ba2 y cambió su perspectiva a negativa.

  • Lo paradójico: la calificación individual de la empresa (BCA) se mantuvo en b1, lo que confirma que el negocio operativo sigue siendo robusto y diversificado.
  • La fricción: la rebaja se debe a una visión “menos favorable” del apoyo estatal, marcada por la interferencia política y la falta de previsibilidad en los pagos.

Entre líneas: el manejo del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) es para la calificadora el síntoma más claro de esta desconfianza.

  • De una deuda de COP 1,6 billones del primer trimestre de 2025, el Gobierno pagó solo el 0,2 por ciento en efectivo.
  • El resto se cubrió con Títulos de Tesorería (TES), una movida que “debilita la visibilidad de los flujos de caja a corto plazo” de la petrolera, dijo Moody’s.

Las cifras:

  • 1,9 veces es la relación deuda bruta/EBITDA al primer trimestre, frente a 1,5 veces el año anterior.
  • COP 87,3 billones es la deuda actual de la empresa en bonos y préstamos.
  • Se espera que el flujo de caja libre siga en terreno rojo hacia 2026 debido a altos niveles de inversión y dividendos.

La clave: la inestabilidad en la cúpula no ayuda. Moody’s resalta que la alta rotación gerencial de los últimos 18 meses y la salida temporal del presidente de la compañía, Ricardo Roa —en medio de procesos judiciales—, refuerzan la percepción de una empresa vulnerable a la voluntad política.

Lo que viene: La lupa está puesta sobre la expansión internacional.

  • La posible adquisición de Brava Energía en Brasil, por más de USD 1.000 millones, preocupa a la calificadora si se financia con deuda de corto plazo, lo que elevaría el riesgo de refinanciación.
  • Según la calificadora, para recuperar la confianza, Ecopetrol necesita señales de autonomía corporativa y que el Gobierno cumpla sus compromisos financieros en efectivo, no solo en papeles de deuda.